martes, 14 de marzo de 2017

Puedo desmembrarme

llamarte

sin pronunciar palabra:

Abrir la boca

estirar la lengua

penetrar la tierra

enraizar debajo de las lombrices

donde esquivamos nuestro encuentro.

Quiero que me busques
soy el muro agusanado tras la enramada espesa.
Hay un enjambre de moscas que bien suenan
a pensamientos bulliciosos.
Ahora que nadie me tiene
albergo grillos en los oídos
y duele menos la soledad despótica,
y el sol me rastrea a duras penas
entre la humedad donde se hunde
el pecho descolorido.





martes, 28 de febrero de 2017

Dominio

Puedo estar
-de dos a tres horas-
mirando una hoja en blanco
sin temer a ninguna de las palabras que me tienen.

Puede también
desparramarse la ansiedad
sobre las teclas y aún así seguir viendo,
expectante, el ruido de la blancura insoportable.

Pero nunca pude
hacer de esa voluntad un texto,
sentir fuertemente el amor y mencionarlo,
acopiar los fragmentos de mi cuerpo desintegrado.

La incertidumbre
     de que me valgo, contempla
           las cosas del mundo con mirada abismal.
                Y ahí danza lo inmenso de la inefabilidad.









lunes, 27 de febrero de 2017


Vos tenés
las yemas lascivas
bajo el temblor de
mi vientre.

La boca húmeda entre
las piernas tímidas.

De nuevo el deseo
sobre la espalda durmiente.

Descomposición


Me siento putrefacta
de tanto sinsentido
¡lo estoy gritando!
vomitando blancas
larvitas que son
el olvido.

Solía dotarme
de palabras fecundas,
recostar la espalda en
el piso de la ducha, acariciar
con las yemas los azulejos y
sentirme acuáticamente vieja

pero cuando una ve
su propio cuerpo
podridamente enajenado
se tantea desesperada y
como si fueran otras las manos
bucea protegiendo
la patética fragilidad.

Esta sangre que grito
desde el cuello marchito
es una ya volcada
de gusanos añejos.
¡Abandónenme!
Lo estoy diciendo
¡no más palabras!

Entonces prefiero callar


Entonces prefiero callar.
No es que no tenga palabras.
No quiero elegir

la mortal insatisfacción
de lo dicho,

ese irrefrenable libertinaje
de lo dicho.

Toda la física quietud
en la lengua
es el reparo.
En la boca o la garganta.

Tibia labilidad. 
Tierno regocijo.
Siempre silencio.

La idea es la ambición
de saborear cada opción
del paradigma. Escupir
callada saliva
repleta de sentido.

O suicidarme en el intento.

sábado, 18 de febrero de 2017

Yo, los pájaros

Yo, los pájaros
que esconden bajo mis párpados
la cabeza.
                 Calma.

Pulsa en beso dentado,
bajo los tenues rayos
de luz, la yugular.
Sacude, boca violenta,
como frágil ramaje
el abdomen.

Vos, la noche
que ampara sobre tu espalda
el deseo.
               Silencio.

viernes, 10 de febrero de 2017

Narración



Ahora
los rayos de luz están acometiendo
contra la tranquilidad de las cosas de la habitación.
Derraman todo su ruido
sobre las sábanas protectoras y la ropa en el piso.
Vos parecés soñar con situaciones extrañas
que te hacen ladear la boca en media sonrisa
y girar la cabeza en sentido contrario al origen del alba.
Yo te miro expectante como si fueras a despertar
para clavarme los ojos apenas abiertos en la mirada insomne.
Con la vergüenza de no haber dormido
me recuesto en tu pecho
y espero el inevitable calor de los rayos.
Nos alcanza. Nos inquieta. 
Nos abrazamos con más fuerza.
Todo es amarillo y las cosas vuelven a dormirse.
Resulta imposible ya abrigarse
con la oscuridad absoluta de la vieja noche.
El color transmutó.
Y sólo resta sentirnos vulnerables.

jueves, 9 de febrero de 2017

Yermo.



Nuestros cuerpos
dormiran regados sobre
superficies cuajadas,
ambas pieles rezumarán
bajo la luz cegante
y jamás nada
de lo que nos hizo
retorcer de goce
volverá a empaparnos igual
el aliento mudo.

Tuvimos humedales
en la lengua,
minúsculos arroyos
de placer en el abdomen
pero ahora nadie
trascenderá ya la aridez:
Cuando las palabras
se vuelven quebradizas,
la boca parece fragmentarse,
infértil,
junto al aire tajante
del verano.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Connotación I



Nada hay en mí, para decir:

Desde la derecha la ventisca avanza

sobre la mejilla del lunar en el centro. Ínfima

se refugia en él la complejidad indecible,

la simpleza inefable. 

Nada hay en mí:



esa boca que moja

que muerde que besa que lame

que dice, que adora, es la misma incapaz

de soportar todo el peso de lo que

no menciona.